ADICTA A LAS RELACIONES




Lo conocí en un taller de Actuación, por alguna extraña razón se acercó a mí. Desde el primer día había sentido su mirada, pero como gran cobarde me repetía que no estaba ahí para conocer a nadie. Apenas pudimos hablar, fue una explosión en todos los sentidos, yo lo conocía, me era super familiar. Ya lo podía ver preparando asado en mi patio. La energía sexual que corría por todo mi cuerpo era casi incontrolable cuando estaba cerca de él. Me escribía todos los días, nos encontramos en un bar y hablamos hasta las 2 am. Luego seguía escribiéndome, a veces era más intenso que otras. La última vez tuvimos cybersex by mensajes; si, él escribía por mensaje lo que hacía con mi cuerpo y yo me tocaba del otro lado.

En mis meditaciones, trataba de imaginarlo en mi futuro. Pero por más que intentaba, no lo lograba. La imagen era de un hombre, pero no lograba ver su rostro. Luego, sin más penas, un día desapareció.
Aquel hombre, que había logrado mi atención plena, ya no estaba. No se podía decir que tenía un vinculo real, puesto que solo habíamos salido una vez y cinco veces dentro del taller.
Al día siguiente de su desaparición, entra en escena Eric Corvera y la Neurociencia. Casualidad o Causalidad?

Estaba simplemente destrozada, no escribía más. ¿Que sería de mi ahora? Tal vez si hubiese sido más canchera con él, aun lograba su interés. Pero no podía entender que pasaba. Aun yo estaba asombrada con esta versión mejorada de mi misma, y  no era suficiente para él.

Sentía tremendo dolor en mi corazón y apenas llegaba mi periodo, los espasmos eran intensos. Hacía rato no sentía tanto dolor. Los pechos parecían explotar como carne viva expuesta.
¿Porque sentía tanta desazón por un hombre al que ni conocía? Algo estaba mal. Si las anteriores relaciones habían sufrido lo mismo, por lo menos podía culpar al sexo o las varias veces que compartimos. Pero no esta vez.

Eric Corvera, insta a realizar un viaje al pasado, a la madre, en el vientre, la niñez.  Y he ahí la cuestión. Descubrí que cuando estaba en la panza, mi madre moría de miedo a ser abandonada con una niña en camino. Como no estaba casada, su familia podría repudiarla y dependía de mi padre, que fugitivo de la justicia de había escondido luego de casarse con ella.

Y eso me llevó inmediatamente al momento que conocí a Willy, el padre de mi hijo. Mi padre prácticamente me había empujado para que suba a su auto. Me molestaba tanto su sola presencia, pero la insistencia de mi familia era muy fuerte. Mi dependencia emocional por Willy fue tal, que la única persona fuera de la familia de él era mi mamá. 

Me había perdido. No quedaba vestigios de Zari. Había entregado mi alma.

Paso a paso, cual niña totalmente maltratada decidí cambiar. Me decía: ¿qué pasa si él no te vuelve a llamar? Pues nada, seguimos bien. Comencé a focalizarme en las cosas que quiero ser y hacer antes de morir.

Por ahí leí que había que amarse. Entonces, un día, en el punto alto de mi climaterio, como no tenía un hombre que me coja, decidí hacerme el amor. Sería un día especial. Puse música reguetón, incienso chocolate, muffin chocolate y licor de menta con chocolate a lado de la cama. La lencería con encaje que había comprado para estar con él. Mis tacones. Mi intento de consolador. Y me hice el amor, hasta llegar a un profundo orgasmo con el punto G. Y conocí la eyaculación femenina de la que tanto había leído. 

Si yo misma podía darme placer. Si un día aburrido estaba sola, podía ir al cine o leer un libro. Podía bailar en la disco sola o con varias personas sin que sean mi pareja. Me inscribí en otro taller de actuación, llamé a la Universidad para averiguar sobre la carrera de Diseño de Modas. Los cursos de pintura al oleo y danza clásica. Los diseños de mi nueva casa. Me voy a trotar, y me siento empoderada, no necesito que nadie me acompañe. Decidí que quería un tatuaje, si bien podría sonar como un cliché, para mi había sido lo más controversial de mi vida.

Ya no tengo tiempo de llorar por un hombre que no está, o que simplemente jamás podría completarme.
Al poco tiempo conocí a otra persona, y estaba otra vez escuchando sus pesares, pero ahora sabía que no precisamente somos almas gemelas, sino más bien almas que se encuentra por un tiempo perfecto. Y en su caminar, no podría jamás delegar algo tan importante como MI FELICIDAD.

Comentarios