La mujercita ilusa
Eran las 16 y no llamaba ni escribía. La ansiedad se apoderó de todo mi cuerpo. Como era posible que otra vez me vuelva suceder? Como fui tan bruta para pensar que quería verme?
Y una vez más salió a luz esa mujercita, que necesitaba atención, que clamaba por ser amaba casi desesperadamente. Aquella que alguna vez sus compañeros le pusieron el apodo de ILUSA.
En un segundo, vi como toda mi vida se volvía a repetir. Y me dije, esto no puede estar pasando una vez más. Acaso alguna vez va cambiar?
De esta situación, que estaba en mis manos? prácticamente nada, más que atender lo que tanto me dolía.
Decidí confiar en la Divinidad, que las personas que estén en mi vida, o las que quieran salir, serian por esa voluntad. Esta relación duró tan poco, pero era lo que necesitaba para aprender.
Y aunque me salió brillante el discurso, aun seguía doliendo mucho.
Luego, llevé toda mi atención a esta mujercita, tan suave y vulnerable. Sentía su dolor y su decepción. Pero le dije, que nadie la estaba abandonando. Yo estaba para ella. Ya sabíamos donde podíamos encontrar amor inagotable. Esta era solo una experiencia más, y no determinaba si eramos ilusas o no, más bien, con agallas para volver a confiar aun con todo lo que hemos vivido.
Aquel que tenga que estar a nuestro lado, sería muy afortunado.
Luego la abracé y le dije que íbamos a poner mucho amor en esta situación. Respetaríamos la voluntad del Estimado, esperando que todo le vaya bien.
Unos minutos más tarde escribió diciendo que se había atrazado en el trabajo, y que vendría. El, es un hombre tan bonito y tierno, sincero y sin filtros como nunca había conocido. Al día siguiente volvió a escribir sobre lo bien que habíamos pasado.
Tal vez se quede, tal vez se vaya, tal vez nunca vuelva a conocer a un hombre igual, o tal vez conozca otro mejor. Pero esa noche, me dí la oportunidad de conocer a una mujer en otras facetas que nunca había aceptado y amado.
Las heridas de abandono son tan fuertes porque provienen mismo desde la niñez, y la traducción por el desespero de un hombre, es la atención que no tuve de Papá. No me había dado cuenta que me encontraba en un bucle sin salida, solo por no querer mirar a esta mujer tan vulnerable y dependiente.
Aquella, que por tantos años y tantas relaciones clamó por atención y solo supe ponerla en silencio, pues una mujer adulta no debería sentir eso.
Hoy más que nunca, estoy lista para mi cita sin hora y sin fin. Conocer cada pedacito de mi cuerpo y de mi mente. Mi niña, mi mujercita, mi anciana y cualquiera que compongan este ser extraordinario, integrando todo con amor y la paciencia que solo una mujer enamorada podría tener.
te amo Zari! y estoy dispuesta a amarte siempre.

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